sábado 23 de julio de 2011

Mínima de Marcela Armas


Mínima de Marcela Armas fue una exposición que entre muchas otras cosas puede definirse como memorable. Siguiendo con la linea del post "Los viejos tiempos siempre fueron mejores" donde les comento de la expo La hora feliz de Leonardo Ramírez que se presentó en la ciudad de Durango cuando el IMAC estaba en el barrio de Analco. Pues justo fueron las exposiciones Esculturas dinámicas de Gilberto Esparza y Mínima de Marcela Armas con las que oficialmente el IMAC abrió al público en su nueva dirección en la calle de Independecia, en el centro de ciudad alacrana, donde en vida tuvo su hogar Olga Arias. El mismo día tuvimos invitada a Taiyana Pimentel como conferencista hablando de arte contemporáneo. No se me olvida que levantó ampollas entre la distinguida concurrencia mostrando el trabajo de Teresa Margolles, Santiago Sierra y Minerva Cuevas (jo jo jo). 

El asunto es que el día de ayer estuve tomando unas chelitas con esta bonita pareja (Marce y Gil) y por supuesto el recuerdo del asunto se me vino a la cabeza.

Les dejo el texto de la hoja de sala y algunas fotitos.



MÍNIMA / Marcela Armas
Exposición escultórica
4 a 25 de agosto de 2006

Instituto Municipal del Arte y la Cultura de Durango
Salón de proyectos

Hablar de la obra de Marcela Armas obliga, por sus características, a hacer una pequeña introducción a las dinámicas del siempre polémico arte contemporáneo.

El arte se ha legitimado en la tradición occidental por la destreza. Había una iconología y un oficio para representarlo hasta alcanzar la excelencia. Antes el arte era más lento, casi moroso, de legitimación más objetiva. Ahora el argumento es distinto, si uno es capaz de incidir en la sensibilidad contemporánea ya es artista. La historia ata y el arte requiere de libertad. El arte se desgasta cuando se banaliza y por tanto las exposiciones no deben ya mostrar objetos, sino ideas y la razón fundamental para hacerlo es “el agotamiento de la fe en el carácter objetivo, calculable y mensurable de la 'belleza'; la emancipación de la obra de arte de su subordinación a lo naturalmente bello, con la relativa obtención de una autonomía estética y la creación de nuevas y eficaces 'representaciones sociales de la memoria'” *. Toda manifestación artística es breve por necesidad, sólo se entiende en un continuo estado de crisis. Cuando se extiende demasiado en el tiempo acaba transformándose en estilo y perdurando como norma. “El arte no muere en la crisis, sino en el éxito.” **

Mínima, como cualquier otra exposición, es por un lado, “una práctica que incluye la selección y evaluación de las obras seleccionadas, y por otro, un sistema de significados compuestos por una serie de afirmaciones o expresiones: el de las obras individuales. Estos significados son simultáneamente atrapados por los títulos, ámbitos y comentarios de la exposición y a la vez liberados y diseminados por el propio proceso de articulación. No hay que olvidar que, aunque la exposición se sitúa en un contexto determinado, se desarrolla en una disposición espacio-temporal fundamentalmente abierta, en la que el espectador puede seguir un discurso, o parar y volver atrás cuando lo juzgue necesario.” ***

Mínima de Marcela Armas, es una exposición integrada por diez piezas pequeñas que en un principio parecen herméticas, y lo son, puesto que capturan momentos íntimos vividos por la autora que no pueden ser descifrados en su totalidad por el espectador. A medio camino entre la escultura y el ready-made y muy cercano, entre otras cosas al arte povera, Marcela estructura un discurso, elaborado hasta el exceso, valiéndose de signos extremadamente sencillos que se vierten en la construcción de objetos, los cuales son como pequeños instantes capturados en las piezas que tenemos enfrente; un ancla o referente a algo que en realidad no vemos y nos habla de otra cosa, más trascendente, a través de un pequeño símbolo. Al mismo tiempo se mantienen duras, enigmáticas y poco dúctiles. ¿Cómo es, entonces, que estos objetos pueden ser leídos? La respuesta nos la da la intuición… la obra de arte permanece inconclusa hasta que el espectador la completa valiéndose de sus muy particulares referentes. Así la pieza se expande y encuentra múltiples sentidos, se le deja libre para que encuentre su propia identidad, que es aquella que el espectador decide darle. 

Indudablemente una explicación de cada una de las piezas sale sobrando, puesto que acota y limita las posibilidades de lectura que se pueda tener de la obra, pero un pequeño comentario de alguna de las cosas que pueden contemplarse en los objetos expuestos puede servir de sugerencia, que indudablemente, si el espectador así lo decide, puede ser descartada.


Marcela Armas Lozano
1. Abrir con cuidado / open carefully
Tapa de lata
6.5 x 8 x 2 cm
2004
...el riesgo de corte que lleva consigo un borde afilado.


Marcela Armas Lozano
2. Estanque
Tapa de aluminio
15 x 15 cm
2005
Desperdicio convertido en poesía… una piedra cae en un estanque.


Marcela Armas Lozano
3. 602 cm2
Hoja de papel bond tamaño carta
2.8 x 1.9 x 2.4 cm
2005
Cómo un espacio limitado para contener lo infinito.


Marcela Armas Lozano
4. Hoja supernova
Hoja de papel bond tamaño carta
Medidas variables
2005
Se representa la belleza, en una escultura prácticamente bidimensional y cercana a lo pictórico, una simple hoja de papel y la acumulación de orificios… una emulación del oficio y dedicación del pintor académico. 


Marcela Armas Lozano
5. Jabón sumergido
Barra de jabón
14 x 6 x 2 cm
2005
Un exitoso uso de la sinécdoque, una invitación a rellenar los vacíos, a completar lo faltante.


Marcela Armas Lozano

6. Piel corazón
Cebolla
Medidas variables
2004

Un objeto cuyo exterior es exactamente igual a su interior… si se vislumbra una moraleja es mera coincidencia. 


Marcela Armas Lozano
7. Lápiz 
Medidas variables
2005
El todo, la suma de sus partes el ansia infantil de saber de qué están hechas las cosas.


Marcela Armas Lozano
8. Indio descuartizado
Etiqueta de cerveza
Medidas variables
2005
Similar a la pieza anterior, el goce de desarmar y reconstruir. La belleza clásica, la retícula, la estructura…  


Marcela Armas Lozano
9. Restos
Aluminio
Medidas variables
2005
La materia prima desechada, un insecto muerto… 


Marcela Armas Lozano
10. Recordatorio
Pañuelo de papel
Medidas variables
2005
El rescate de un objeto cuando no sirve más… el ansia… la reliquia… el fetichismo…

Otro tipo de interpretación de las piezas es también valido, sólo hay que superar la dificultad que representa el hecho de que algo realizado con materiales sin valor pueda estar cargado de nostalgia, belleza, romanticismo y un largo etcétera.

Por otra parte, la lectura en conjunto de las piezas es distinta. Ésta es una exposición de ideas, muy sencillas, muy contundentes. Las piezas agrupadas se despojan de la humildad que su propia naturaleza presupone. Dejan atrás la belleza de lo cotidiano, dejan de ser momentos preciosos. Lo que importa es la idea y la posibilidad que ésta otorga al objeto artístico a partir de cosas mínimas y Marcela Armas lo demuestra no una ni dos, sino diez veces. La exposición Mínima se convierte en una dura crítica a la medianez y sensiblería del arte burgués, tan apreciado en Durango. Las humildes piezas se llenan entonces de soberbia, se colocan en la posición de hacer juicios de valor (aunque los son objetos no sean capaces de tal cosa). Así, la obra se convierte en una declaración o manifestación de una forma de estar en el mundo, la de la artista, la del curador, la del espectador… alguna de las tres o todas ellas.


Una vez más otro tipo de lectura es posible, y la museografía así lo sugiere… lejos de los pedestales, vitrinas y paredes del museo o galería (kunstkammer) y más cerca del gabinete de historia natural, de la mesa de disección, del taller del artesano, del “cuarto de maravillas” (wünderkammer), se hace al espectador una invitación a la contemplación y al análisis, a que ponga un poco de sí mismo dentro de la obra.


Jorge Armando Ortega del Campo


*. BODEI, Remo, “ 'Tumulto de criaturas congeladas' O sobre la lógica de los museos”, El museo: historia, memoria, olvido,  Fundación José Ortega y Gasset, Madrid, 2006, pg. 28.
**. BORJA-VILLEL, Manuel J. “Los límites del museo”, Els límits del museu, Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, 1995, pg. 212
***. Ídem. 

...el recorrido inaugural con los entonces alcalde de Durango, Jorge Herrera Delgado, y  directora del IMAC, Corín Martínez Herrera.

Jorge Herrera Delgado y Taiyana Pimentel escuchando los comentarios del público sobre la obra :)

Y por supuesto, espectadores hojeando nerviosamente el folletito.


y AQUÍ se puede descargar la nota publicada en el Siglo de Durango

viernes 22 de julio de 2011

Non Compos Mentis

Non Compos Mentis es una exposición curada por Bárbara Peréa que se presentó en Centro Cultural Border el año pasado y luego fue llevada a León, Guanajuato donde se presentó en la Sala Jesús Gallardo del Instituto Cultural de León. 

Luego podrán leer por aquí el texto y ver algunas fotos del montaje. "Por lo mientras" aquí les dejo un enlace a una nota publicada por DaWire que me pareció una lectura sensacional.

Non Compos Mentis at Border, 
curated by Bárbara Peréa.



Jorge Ortega del Campo
Objeto inútil 7: 
Prayers (detalle), 2009
Sierras de acero fotograbadas, baño de oro de 24 k
ø 25.5 y 18.5 cm
Producido con apoyo del PECDA Durango



Y por AQUÍ se puede consultar el texto en español.

jueves 21 de julio de 2011

La señora desatanudos

Pues éste es mi trabajito más reciente y probablemente se convierta en una serie. La intencion es reinterpretar (muy libremente) advocaciones de santos cristianos pensando en algo así como entidades "primigenias" o cósmicas que resultan en un megamix de atributos que ya se han visto en otras partes.

Esta imagen fue inspirada por la advocación mariana de Nuestra Señora desatanudos.

miércoles 20 de julio de 2011

Pequeños monstruos / Ejercicios de escultura blanda

Pequeños monstruos / Ejercicios de escultura blanda es un proyecto que presente hará un par de meses buscando el apoyo del Programa Estatal de Estimulos a la Creación que otorga el Instututo de Cultura del estado de Durango. Cómo resulté beneficiado por el mismo me parece un excelente tema para retomar este blog que he tenido en el olvido los últimos tres años y medio.

Así fueron publicados los resultados.


Por cierto, muchas felicitaciones a Marcela Armas, soy su fanfromhell numero 15873.

Y pues aprovechando este espacio que ha estado tan descuidado aquí les presento de qué va el proyecto:




PEQUEÑOS MONSTRUOS
EJERCICIOS DE ESCULTURA BLANDA

Antecedentes


Debido a mi formación como diseñador gráfico, mi obra se ha caracterizado por el empleo de sistemas de producción industriales o digitales y técnicas tradicionales del diseño como: impresión con inyección de tinta, láser, plotters de impresión y recorte, offset, serigrafía, etcétera; en general soportes para imágenes digitales retocadas e ilustraciones vectoriales. Hubo algunos casos aislados de arte objeto, pero la mayoría de ellos podían o debían ser manufacturados por terceros.

Buscando nuevas soluciones y posibilidades en mi trabajo comencé a experimentar con la intervención directa sobre las piezas, recurriendo a oficios tradicionales que me permitieran trabajar la obra con las manos; recurso sobre el cual fundamenté la producción del proyecto Objetos Inútiles (PECDA, jóvenes creadores, artes visuales, Durango, 2008), donde hubo objetos pirograbados, pintados, cortados, huecograbados, recubiertos en metal, etcétera, lo que representó para mi obra nuevas cualidades expresivas, distintas de la frialdad y acabados perfectos que caracterizan a los sistemas de producción electromecánicos.

Ya antes de Objetos inútiles, tuve un acercamiento con  la técnica  japonesa de tejido llamada amigurumi, que consiste en tejer pequeños objetos tridimensionales mediante crochet o ganchillo, la cual conocí durante la investigación realizada para el proyecto Katari-be (PECDA, jóvenes creadores, artes visuales, Durango, 2006) que abordaba tratamientos estéticos de la cultura japonesa. De ahí surge el interés del empleo de técnicas y oficios artesanales para la producción de obras de arte.

Revisando mi producción como artista, me encontré con unas piezas que realicé durante 2004; una pequeña serie de esculturas elaboradas con tela que produje para una exposición que llevaría por nombre Nuevo gabinete de historia artificial, cuya idea era presentar piezas que tuvieran posibilidades de articularse con otras formando una Wunderkammer: cuartos de maravillas o gabinetes de curiosidades que designan los lugares en los que, durante los siglos XVI y XVII, época de las grandes exploraciones y descubrimientos, se coleccionaban y presentaban una multitud de objetos raros o extraños, representantes de los tres reinos de la naturaleza considerados en la época: animalia, vegetalia y mineralia; además de realizaciones humanas. Dicho proyecto jamás se concretó y estas piezas terminaron exhibiéndose en un proyecto llamado Housewarming. La serie mencionada, llamada Pillowpals, fue elaborada pocos días antes de viajar por estudios a Barcelona, y al regresar ya no le dí continuidad por presentárseme otros proyectos. Esta serie, sin embargo sirve como idea generatriz del proyecto Pequeños Monstruos.

Como consecuencia de todos estos antecedentes, y buscando que mi producción artística manifieste continuidad y coherencia, durante 2009 comencé a trabajar con el tejido a ganchillo para la producción de objetos-esculturas. Las formas resultantes, de claros referentes orgánicos, y con rasgos animaloides indeterminados dieron casi por sí solos la línea que debería seguir.

A continuación se muestran los ejercicios realizados:



Jorge Ortega del Campo
Gusano, 2009
Estambre acrílico, relleno sintético.
130 x 35 x 35 cm


Jorge Armando Ortega del Campo
Larva, 2009
Estambre acrílico, relleno sintético.
130 x 35 x 35 cm


Jorge Armando Ortega del Campo
Bacteria, 2009  
Estambre acrílico tejido a ganchillo, relleno sintético.
110 x 50 x 50 cm

Tras haber trabajado con tres ejercicios de formato mediano, comencé a desarrollar una escultura de dos metros de diámetro cuyo proceso de elaboración duró casi un mes. El considerable tiempo de producción me hizo pensar de que la escultura se estaba gestando, como un organismo vivo, de modo que el proceso y las horas invertidas en tejido tomaron una diferente carga simbólica. A partir de esto la documentación y registro del “desarrollo” de la pieza se vuelve parte sustantiva del proceso.

El resultado es el siguiente:


Jorge Armando Ortega del Campo
Virus, 2009
Estambre acrílico tejido a ganchillo, relleno sintético.
220 x 220 x 50 cm 

Al realizar el quinto y último ejercicio, el objeto tejido ya no fue un “bicho” genérico, sino una especie particular: Un gusano parásito que se aloja en el corazón de los perros llamado Dirofilaria Immitis o gusano del corazón. La idea fue representarlo formalmente con un grado de iconicidad suficiente para poder reconocerlo. Esta pieza, que resultó seleccionada en el XXX Encuentro Nacional de Arte Joven y estuvo itinerando por la república desde 2010 hasta julio de 2011, marca la que será la pauta a seguir en el presente proyecto, buscando reproducir formas específicas y no simplemente formas abstractas con parecido algo vago con seres vivos.






Jorge Armando Ortega del Campo
Gusanos del corazón (Dirofilaria immitis), 2010
Estambre acrílico tejido a ganchillo, relleno sintético, armazón metálico.
medidas variables 200 x 80 x 40 cm aprox.

Todo lo anterior: a) La producción manual de las piezas, b) la serie de esculturas blandas Pillowpals, c) El Wunderkammer, d) el tejido a ganchillo (amigurumi) y sus posibilidades para construir objetos tridimensionales y e) los cinco ejercicios escultóricos desarrollados con esta técnica son el antecedente directo del proyecto Pequeños monstruos que ahora presento a consideración de la Comisión Técnica del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico. 

Descripción del proyecto

Pequeños monstruos es un proyecto escultórico de producción y exposición en proceso que consiste en la elaboración de una serie de doce esculturas blandas tejidas a ganchillo de formato mediano (menor de 100 cm) y grande (mayor de 100 cm). Estas doce esculturas son distintas a los cinco ejercicios que les anteceden y pertenecen a una serie diferente.

La temática formal de las esculturas será la de parásitos del ser humano, entendiendo como tales a los seres vivos dependientes metabólicamente de su hospedador y no beneficiosos para el mismo. Para el caso entran en esta definición virus, bacterias, hongos, plantas y animales.

Las piezas usarán a los parásitos como inspiración formal, sin la finalidad de aludir a su comportamiento. No se realizará con ellas ninguna acción performativa.

En concreto, las piezas obtenidas al llevar a cabo este proyecto serán interpretaciones de la forma del cuerpo de algunos parásitos, construidas a través del tejido, buscando que resulten en una forma bella, orgánica y fluida; serán esculturas cuya estilización y nivel de abstracción permita resignificar al original permaneciendo éste reconocible.

Justificación

Todos los seres humanos manifestamos desde la primera infancia temores que pueden o no ser racionales y que normalmente van menguando de intensidad mientras crecemos. En mi caso particular, una de las cosas que más me atemorizan son los parásitos. Dicho temor detonó tras haber visto un documental en televisión sobre una especie de mosca cuyas larvas incuban dentro del cuerpo humano, justo debajo de la piel. Al ir conociendo más ejemplos del comportamiento parasitario mi aversión por este llegó al extremo y se convirtió en un miedo que no he podido superar incluso siendo un adulto. Por esta razón, la solución formal y la temática de estas esculturas no son un simple pretexto. El acto creativo se convierte en terapia y proceso de catarsis. Si bien la temática es muy particular, los temores infantiles son algo con lo que todos podemos identificarnos. La reflexión que se propone hacer sobre el miedo y la superación del mismo es lo que dota a este proyecto de pertinencia y universalidad.

La intención del proyecto Pequeños Monstruos es esculpir (o moldear o construir) las formas de algunos de estos seres detestables en materiales suaves y cómodos; valiéndose de los recursos semánticos del diseño y de las posibilidades creadoras de los oficios para convertir a esas pequeñas monstruosidades en objetos hermosos y atractivos, que inviten al tacto y al disfrute estético por sus cualidades formales y visuales, convirtiendo el desagradable referente de estos seres que viven cómodamente en el interior cálido y suave de su anfitrión –y a costa de éste–, en un objeto de deseo y confort, también cálido y suave. Todo esto es un ejercicio de búsqueda y hallazgo de belleza en lo terrible –como hicieron Yacine M'Seffar en su serie de fotografías de insectos metálicos e Yvonne Domenge al materializar un monumental virus de influenza AH1 N1 en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM–, no se trata de hacer un monumento al origen del miedo, sino de enfrentarlo, analizarlo formalmente y, simbólicamente, metabolizarlo. 

Todo esto manifiesta, además del discurso conceptual del proyecto Pequeños Monstruos, un importante factor discursivo estético. La belleza se entiende como el valor general de la estética y aunque no es muy sencillo definirla es posible afirmar que se siente o se percibe en el arte a través una variedad de valores y antivalores, como son: la ironía, la pulcritud, la tersura, la exquisitez, la delicadeza, lo trágico, la fatalidad, lo siniestro y, en este caso específico, lo monstruoso como antivalor.

Fuera de los antecedentes en cuanto a piezas textiles o tejidas, como podrían ser las obras de Marta Palau o de Daniela Edburg, en México, Dave Cole y el colectivo Gelitin, o esculturas blandas de otros materiales, como las de Roberth Morris o Claes Oldenburg en el extranjero, este proyecto, además del resultado escultórico, se centra en el proceso y en la exploración de otras situaciones no meramente formales como podrían ser referentes maternales y gestacionales, asociando el embarazo con el acto de tejer ropa para el niño por nacer; incluso los colores que busco en el material son tonos pastel. Se aborda la posibilidad de encariñarse con un ser inicialmente repulsivo, que se convierte, al terminar la obra, en algo atrayente, suave y –¿por qué no?–, abrazable; purgando de este modo aversiones de la infancia profundamente arraigadas. Así, este ejercicio creativo, termina siendo no sólo un acto de creación, sino también de construcción, en contraposición con las técnicas y hábitos de devastación del referente parasitario, así como un modo de trascendencia y superación del miedo adquirido en la infancia y, por último, simbólicamente, un nacimiento. 

A diferencia de otros proyectos en los que he trabajado, el tiempo de planeación, bocetaje y concepción de la pieza será mínimo; el tiempo que debe invertirse aquí es casi exclusivamente de elaboración. Será un proceso radicalmente distinto al que he estado habituado, donde las obras generadas en la computadora resultan en objetos de acabados perfectos que se maquilan en apenas unos minutos y que siempre manifiestan cierta frialdad. En este proyecto, por el contrario, durante todo el proceso interviene el factor humano. Serán piezas realizadas íntegramente con mis manos, sin que de esto resulte una competencia entre oficio y discurso y que, por el contrario y gracias al concepto del proyecto, ambos sumen para el resultado final.



jueves 29 de noviembre de 2007

Los viejos tiempos siempre fueron mejores...

Este post se refiere a una de las exposiciones presentadas en el Instituto Municipal del Arte y la Cultura, cuando recién comenzaba el proyecto 2A Arte Actual, que ahora parece estar tres metros bajo tierra (Dios lo tenga en su gloria).

La exposición titulada
La hora feliz, es, según mi particular punto de vista, el proyecto más interesante de los que se han presentado en los últimos años en las salas del IMAC.

Helo aquí-





LA HORA FELIZ

Pintura y dibujo de Leonardo Ramírez González
23 de junio a 14 de julio de 2006
Sala Guillermo Bravo
Instituto Municipal del Arte y la Cultura de Durango
Durango, Durango
La hora feliz no es precisamente una exaltación del todovale frecuentemente encontrado en el arte contemporáneo, aunque sin duda es un proyecto fruto de las circunstancias. Verán, hace años que Leonardo Ramírez planeaba una exposición de piezas pintadas directo sobre el muro, mucho antes del boom que ahora podemos ver en algunos museos y galerías del país. Sin embargo lo único que estaba claro en este proyecto era el soporte, lo que se necesitaba era contenido, un pretexto.
Antes de contarles más de esta exposición he de ponerlos en antecedentes sobre la obra de Leonardo. Siendo él un artista multidisciplinario cuya obra permanece en constante cambio y experimentación, encuentro solamente un común denominador en su trabajo: utilizar como materia prima algo que no fue concebido para la función en la que el artista lo coloca, y si esta materia prima es gratuita tanto mejor.
Después de años de conocer la obra de Leonardo la he nombrado –siempre a sus espaldas, of course –Arte Rapiña, puesto que se apropia compulsivamente de signos de otros artistas, como en su pieza La mascota preferida de Gabriel Orozco, que es un cerdo pintado sin la parte central de su cuerpo, emulando el Citroën, o la copia del objeto usado en la pieza Mis manos son mi corazón que usaba como pisapapeles en su despacho; apropiándose también de material de su oficina como en los cuadros de la serie Doméstica, hecha con fotocopias tomadas en el trabajo, o los vestidos de masking tape realizados con rollos y rollos de cinta incautada a la Universidad de Guanajuato. Detalles por el estilo me hacían pensar en que su proceso creativo comenzaba una vez que su urraca interior se había apoderado de algún guijarro brillante.
La hora feliz comienza más o menos así; con el hallazgo de un folletito/historieta en la calle Altavista en el DF. En este folleto se narra, según el propio Leonardo: “una lacrimógena historia de una familia desintegrada por la adicción al alcohol para posteriormente redimir a parte de sus protagonistas en una historia de amortz, reunificación familiartz y religión.”
Una vez que el folleto apareció paso a ser diseccionado por el artista, iniciando un proceso exhaustivo de cortar y pegar, generando una suerte de cadáver exquisito, conjugando en una misma hoja de papel diferentes fragmentos del folleto; sacando de su contexto original los trazos y dibujos primarios para colocarlos luego en el blanco e inmaculado cubo de la sala de exposiciones, un contexto radicalmente diferente y usualmente legitimador.
Regresemos a la idea del pretexto ¿Era necesario un tema como la redención de los vicios, leit motiv de la comedia, donde el protagonista resulta redimido una vez que el proceso de purificación ha sido sorteado? Yo en lo particular opino que no. En este caso el discurso de la obra no sigue un guión narrativo, por lo menos no el que el folleto sigue, y esta temática etílica sirve solamente como pretexto para el alarde de las cualidades formales del dibujo y del proceso creativo del cual es resultado. La obra exhibida en La hora feliz nos presenta el continente por el contenido, la cáscara por el fruto, pura esencia de la posmodernidad y, una vez más, el empleo inadecuado de la máxima de McLuhan: “El medio es el mensaje”. Así, esta exposición, este pretexto, se convierte en una reflexión acerca del dibujo y pone en evidencia su capacidad de transmutar el sentido primario de las cosas; en este caso, a través de la ironía o incluso de la descalificación del material que dio origen al proyecto (y entre líneas ridiculizando los excesos del mainstream y los dimes y diretes del mercado del arte).
La obra que ahora contemplamos, gracias en gran parte a las reducidas dimensiones de la sala, no nos satura de sensaciones artísticas. Es evidente por el tratamiento formal de las piezas que la intención del autor no es discurrir sobre el oficio de dibujante ni sobre la destreza técnica a la obra, por el contrario se abunda sobre la búsqueda y el hallazgo de estímulos visuales a través de hechos completamente fortuitos –una vez más el descubrimiento del folleto –para transformar los signos visuales propiciando la libre interpretación de los mismos por parte del espectador, sin pautas externas que le digan cómo es que la obra debe ser interpretada. ¿Dónde queda entonces la intervención del artista? Simplemente en el empleo de una retórica distinta a la del material original. La elocutio gráfica se manifiesta a través de pocas y sencillas figuras: sinecdoque, hipérbole e hipérbaton, lo suficiente como intervención y lo justo como interpretación.
El resultado de la exposición es, para el espectador duranguense (el contexto una vez más es primordial), una experiencia estética inusual que se genera a partir de la realización de las piezas in situ, donde el artista utilizó para el desarrollo del proyecto sólo su intuición como hilo conductor y se aproxima a una experiencia teatral, fundamentada en la improvisación, donde el resultado final no puede ser anticipado ni siquiera por el autor, sino solamente experimentada por el espectador una vez que la obra está terminada.
Jorge Ortega del Campo
¿Habrá esperanza para mí?
pintura sobre muro
medidas variables
2006


Tres años después
pintura sobre muro
medidas variables
2006


Apuntes
fotocopias y masking tape
medidas variables
2006





De la serie
La hora feliz
grafito sobre papel
20 piezas de 42x59 cm
2006























Aquí la ceremonia de inauguración... muy divertido, recuerdo, que de coctel hubo café y donas.


Aquí la Lic. Carmén Ruiz (amiga entrañable) de maestra de ceremonias. A sus espaldas un servidor (hace 10 kilos), el director del ICED , Luis Ángel Martínez Diez y la entonces directora del IMAC, Corín Martínez Herrera.

Aquí el maestro Leonardo Ramírez, dirigiendo unas palabrillas al respetable.

Aquí el rancherísimo corte del listón.


Y aquí los que estuvieron y salieron en la foto









Aquí un texto de la curadora regia, Rocío Cárdenas, con motivo de su excursión a Ciudad Alacrana a ver la expo de Leo.

“Arte Joven en el Norte de México”
El pasado viernes 23 de junio se inauguró la exposición individual “La Hora Feliz”, en el Instituto de Cultura de Durango. El artista visual Leonardo Ramírez realizo una intervención in situ especialmente planeada y curada por Jorge del Campo, joven duranguense quien a su corta edad (25 años) esta iniciando una serie de proyectos de arte joven desde la capital de este estado del norte de México. La intervención resulto exitosa y salvando las limitaciones de un espacio reducido, la escasez de recursos y un público poco habituado a contemplar este tipo de manifestaciones artísticas cabe mencionar que se llevo a cabo un trabajo de primera.
La hora feliz corresponde a una necesidad expresiva ya añeja para el artista Leonardo Ramírez quien años atrás ya tenía pensado realizar una intervención sobre muro. Me parece que este proyecto encaja muy coherentemente con las circunstancias de vida de un artista como Leonardo quien es originario de Guanajuato cuyo trabajo como promotor y como productor se ha destacado a partir de su relación continua con proyectos culturales y artísticos que han tenido como objetivo principal el crear redes comunicantes entre diferentes centros de creación artística fuera de la ciudad de México donde actualmente reside. Ya que además de productor visual desarrolla su actividad profesional como curador. En el terreno de la nostalgia podríamos hablar muchísimo ante La Hora Feliz, pero definitivamente no se trata de una exposición romántica o anacrónica, temáticamente hablando sino de una oportunidad de externar una forma de trabajo que de manera continua realiza Leonardo Ramírez, el cual consiste en dejarse atravesar por los objetos, las personas y los eventos que le salen al encuentro transformándolos a través de su visión como artista.
El leiv motiv de esta exposición parte de una anécdota totalmente descontextualizada y reinterpretada en los muros de la pequeña sala de exhibición del Instituto de la Cultura de Durango, un folleto panfletario de carácter cristiano que pretende alejar del alcohol a los padres de familia de clase baja ante una serie de imágenes tipo comic norteamericano de los años 50 s.
La Hora Feliz no propone construir nuevas imágenes, sino señalar aquellas que, no teniendo intencionalidad estética como fin, la posibilitan[1]. Podríamos hablar del término de artista proyectista ya que en este caso especifico alude al sentido del trabajo realizado directamente en el muro bajo el pretexto de un objeto encontrado. Esta dinámica de trabajo bajo condiciones no previstas, no es nueva, sin embargo nos remiten a una forma de encuentro que el público duranguense no conoce o por lo menos no de una manera continua o formal mediante el acercamiento a espacios específicos como museos de arte contemporáneo o galerías de arte joven.
Desde esta perspectiva resulta conveniente mencionar que la mayoría de los artistas o productores de arte contemporáneo de Durango radican fuera de su tierra. Y la labor que como curador y promotor esta iniciando Jorge Ortega es muy valiosa, al tratar de vincular de manera propositiva exposiciones que de alguna u otra manera acerquen al público de Durango a sus jóvenes artistas.
Con respecto a la exposición La Hora feliz el texto curatorial de Jorge Ortega aclara lo siguiente: “La hora feliz no es precisamente una exaltación del todovale frecuentemente encontrado en el arte contemporáneo, aunque sin duda es un proyecto fruto de las circunstancias. Verán, hace años que Leonardo Ramírez planeaba una exposición de piezas pintadas directo sobre el muro, mucho antes del boom que ahora podemos ver en algunos museos y galerías del país. Sin embargo lo único que estaba claro en este proyecto era el soporte, lo que se necesitaba era contenido, un pretexto.
La hora feliz comienza más o menos así; con el hallazgo de un folletito/historieta en la calle Altavista en el DF. En este folleto se narra, según el propio Leonardo: “una lacrimógena historia de una familia desintegrada por la adicción al alcohol para posteriormente redimir a parte de sus protagonistas en una historia de amortz, reunificación familiartz y religión.”
La obra de arte ha sido siempre fundamentalmente susceptible de reproducción. Lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por los hombres[2]. Los alumnos han hecho copias como ejercicio artístico, los maestros las hacen para difundir las obras, y finalmente copian también terceros ansiosos de ganancias. Frente a todo ello, la reproducción técnica de la pieza La hora Feliz se impone de manera intermitente creando posibilidades de lectura que le permiten al espectador establecer nuevas maneras de encontrar mensajes. Utilizando para ello la técnica básica del objeto encontrado y reproducido a la cual tiene acceso el artista mediante su universo cotidiano valiéndose para ello de todo aquello que aparentemente es irrelevante ante los ojos de los demás.
El trabajo que se presento en la Hora Feliz consistió en 2 murales realizados de forma monocromática (pintura negra sobre muro blanco) evidenciando el drama existencial que el comic narraba sobre la historia de un padre alcohólico que maltrataba a su familia. El contraste se podía observar evidentemente ante la primera pared del área de exposiciones que presentaba una serie de dibujos onomatopéyicos en los cuales se podían leer frases como “el corcho cócteles”, “claro que si! Volveré pronto!”, “siento un peso tan grande en mi corazón, abra esperanza para mi?”, “Tía Maria ahí viene el borracho”.
En el muro central podemos observar la imagen de un padre de familia y/o ministro religioso que de la mano camina hacia la entrada principal de una iglesia del tipo episcopal norteamericana. La imagen remite a una bella pradera. Y el punto de fuga esta centrado en la figura del padre o del poder que de alguna manera guía a estos dos pequeños hacia el camino de la fe. Circunstancias que definitivamente crean una paradoja al descontextualizar el sentido del comic mediante la ausencia del dialogo escrito colocando unas volutas de palabra en las cuales no hay texto alguno. Enfatizando el sentido de la permeabilidad de la obra artística ante el espectador. A un costado de este mural (central) podemos ver una serie de recortes y fotocopias del panfleto utilizado como pretexto para la creación de esta intervención. A un lado como parte final y no por ello menos importante se colocaron una serie de dibujos realizados a lápiz de diferentes detalles de la parte central del folleto. Imágenes interesantes e inmediatas tomando en cuenta que al igual que la creación de esta obra fueron resueltas bajo la premisa de la desintegración y la relectura de un documento que a fin de cuentas podía generar detonantes tan variados como los que se pueden apreciar en el resultado final de esta intervención in situ La Hora Feliz.
Leonardo Ramírez no es oriundo de la tierra del alacrán pero su papel como promotor de un grupo de artistas de Durango ha sido fundamental incluso para que Jorge Ortega se aventurara a iniciar una carrera como curador. Y desde mi perspectiva creo que es importante contribuir, aunque sea de una manera modesta, a la formación de nuevas redes que de manera emergente se van formando entre los productores, artistas y curadores fuera de la vitalidad del centro del país.
El arte que surge y se da a conocer desde el norte de México exalta de una manera bastante clara la necesidad de crear públicos y aprovechar el surgimiento de nuevos espacios, de nuevas carreras curatoríales y de cronicas alternativas que narren fuera del mainstreat lo que sucede en eso que aparentemente se pierde en la “provincia”.
Las dinámicas ingenuas quedan fuera de lugar y debemos entonces hacer nuestra chamba y hablar de lo que hace el vecino. Monterrey es un centro generador de acciones consolidadas de difusión y producción de arte contemporáneo que definitivamente tiene que ampliar su visión sobre lo que sucede fuera de la ciudad de las montañas. En el caso de Durango lo que ocurre en su capital esta fuera de mi alcance, sin embargo si me queda claro que en cuanto a trabajo y esfuerzo por crecer en lo cultural y en lo artístico tienen mucho que aportar no solo al norte de México sino a todo el país.
Una servidora se aventuro a manejar 8 horas para llegar a Durango vía carretera desde Monterrey y sinceramente fue una gratísima experiencia. Los paisajes tipo western y la aridez de la tierra contrastaban hermosamente con cielos azules dignos de película de Clint Eastwood. Quizás el viaje y el sentido del road move es una manera metafórica, pero real de como podemos buscar caminos para hablar del encuentro con lo desconocido y enfrentar de una manera tal vez menos pasiva las premisas de validación del arte contemporáneo. Saliendo un poco de las dinámicas urbanas que hacen que estemos sentados esperando que las cosas sucedan. Invadidos de esa idea de que hay muchos por ahí que están esperándonos para descubrir nuestro talento periodístico, curatorial o artístico de cualquiera de los protagonistas de nuestra película. Así que si se animan a descubrir nuevos paisajes en el arte contemporáneo, acudan a visitar la exposición La Hora Feliz que en el Barrio de Analco de la ciudad de Durango, en la Sala Guillermo Bravo. Instituto Municipal del Arte y la Cultura de Durango, Arista 210, Barrio de Analco, Durango, Durango, se exhibirá hasta el 24 de julio. Rocío Cárdenas (1975)



[1] · Néstor García Canclini, Vanguardias artísticas y Cultura Popular, ed. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1973.

[2]walter benjamin “Discursos interrumpidos” en la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica

Directorio

Ing. Jorge Herrera Delgado
Presidente Municipal de Durango

Ing. Corín Martínez Herrera
Directora del Instituto Municipal del Arte y la Cultura

Lic. Carlos Cazares Ramírez
Subdirector del Instituto Municipal del Arte y la Cultura


M. Jorge Armando Ortega del Campo
Curaduría

Leonardo Ramírez González
M. Jorge Armando Ortega del Campo
Montaje


Agradecimientos:
Lic. Raymundo Miranda
Ing. Lizbeth Caudillo Castillo
M. C. Martha Elia Muñoz Martínez